CONTRA LA VIOLENCIA SEXUAL EN LAS GUERRAS Y EL MILITARISMO

En el año 2015, Naciones Unidas declara el 19 de junio como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, entendiendo “violencia sexual” como un eufemismo de violaciones y “conflictos” como un eufemismo de guerra.

Es un hecho conocido que en las guerras, además del daño que producen las balas y bombas, es frecuente y sistemático el daño que sufren mujeres y niñas/os como consecuencia de las violaciones de guerra. El escenario en que se construye la guerra abre paso a la instrumentalización de los cuerpos de las mujeres bajo el lema maquiavélico de que el fin justifica los medios, donde el medio es la violación y el fin es mostrar el poder y fortaleza de los hombres de un país frente a los hombres y el gobierno de otro país, es decir, la violencia sexual sobre las mujeres sirve como método de dominación sobre los hombres que defienden y gobiernan el país enemigo. Una vez más se atribuye el poder al género masculino y la debilidad al feminino. Otra vez más las mujeres son tratadas como posesiones de otros hombres y no como sujetos libres e individuales. Y cada una de estas veces alzaremos la voz contra las violencias machistas de las que el sistema patriarcal nos hace objetos.

Este 19 de junio queremos gritar contra las violaciones de guerra y la violencia sexual que sufrimos las mujeres, sin embargo no queremos formar parte de la comercialización del sufrimiento de muchas mujeres y niñas/os ni de la hipocresía de las Naciones Unidas al declarar este día como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos. Todas conocemos las denuncias por abusos sexuales contra los Cascos Azules de Naciones Unidas, para eliminar las violaciones de guerra es necesario no reproducir aquello que se quiere eliminar y es imprescindible luchar contra las violaciones y contra las guerras. No basta con el reconocimiento público del problema, debe fomentarse un debate público sobre las consecuencias ‒todas negativas‒ de las guerras y cómo remediarlas. Nuestra respuesta es un no rotundo al militarismo: debemos eliminar la raíz del problema si queremos evitar sus consecuencias, no podemos conseguir la paz haciendo la guerra.

La globalización y la explotación de los recursos naturales convierten cada lugar y hogar del planeta en el campo de batalla. La vida no es un recurso con valor para al discurso capitalista del beneficio económico de una élite, tampoco la integridad, la libertad ni los cuerpos de quienes no pertenecen a esa élite. El único valor que nos otorga el sistema es el de vestirnos con traje de guerra si somos hombres y desnudarnos si somos mujeres. Somos objetos de la cosificación más psicopática: somos escudos humanos y cuerpos sexualizados al servicio de la guerra y el poder, pero es hora de combatir sus balas con la fuerza de la palabra y la resistencia. Su guerra no es nuestra guerra, nuestro arma es la paz entre pueblos y la oposición a la instrumentalización de los cuerpos.

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