Contra la farsa electoral

Este pasado lunes 2 de mayo se han celebrado en la universidad de Alicante las elecciones al rectorado. Estas elecciones, como otras en las que nos fijemos, tratan de ser el trámite de elección de ciertas representantes para resto del conjunto que lo conformen. Continuando esta línea, en el caso que tratamos sobre el rectorado, equivale a ser la máxima figura pública y política de dicha universidad y en lo que a ella se refiere: presentación de la misma, órgano decisorio y de control, centro administrativo y de contacto con empresas, ayuntamientos y ministerios y consejerías de educación, así como el dar o no el beneplácito de otro tipo de acciones como podrían ser la autorización de la subida de tasas académicas o la expulsión de cientos de alumnas y alumnos por no haber podido llegar a ese mínimo de requisitos económicos que se han impuesto.

Debido a estas jurisdicciones que se aplican a si mismos, rectorado es, entendemos, una institución excluyente de la participación y decisión directa de los asuntos que a nosotras mismas nos repercuten. Además de rodearse de un consejo donde se recrean un total de más de 20 empresas para llevar a cabo la toma de decisiones, y sin necesidad de hacer demasiado hincapié en los tratados de las mismas, no nos cuesta entender que ocurriese estos actos de protesta cuando, hace ya unos años, el actual rector, Manuel Palomar, tomaba cargo como rector de la universidad.

 

Para estas elecciones de 2016 al rectorado de la universidad de Alicante se ha lanzado un aviso para la participación en las urnas a todo el conjunto universitario: alumnado, trabajadoras de mantenimiento y administración y profesorado. No ocurrió lo mismo para decidir sobre la colocación de una antena de la empresa Telefónica en el tejado de la biblioteca general.

Para estas elecciones al rectorado, se han difundido videos publicitarios por medios como YouTube, además de noticias mediante el diario Información por las cuales se confirma por parte del rector como la salud de los trabajadores y la calidad en el trabajo son características propias. No se apuntó lo mismo cuando un trabajador de la seguridad del campus recibió una carta de despido mientras atravesaba una grave enfermedad que le provocó la ansiedad, seguida de un infarto y finalmente la muerte.

Para estas elecciones al rectorado, se ha utilizado el eslogan “Nos une la universidad”. En otras ocasiones se nos ha visto menos unidas, momentos en que nos han separado las fuerzas policiales que, como el rector les ordenaba, ‘tenían que despejar la zona, cargando si era necesario’; momentos en los que se ha orquestado un espectáculo invitando a personajes de la talla de Felipe González, Gallardón o Carlos Slim para que nos aconsejen la voluntad de trabajar más horas, en más trabajos y más años.

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Para estas elecciones al rectorado se han abarrotado los edificios, facultades y paneles informativos de enormes pancartas de un material vistosamente caro, además de folletos, cartelería y demás propaganda electoral que ha establecido la cara de Manuel Palomar durante dos semanas en cada rincón del campus como si de una universidad descrita por G. Orwell se tratase.

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Para estas elecciones al rectorado se ha tratado de involucrar a más personas en esta fecha electoral. Una compañera del sindicato recibió una notificación en la que se le invitaba  a trabajar en una mesa electoral; acompañando esta sugerencia, recibía también la advertencia de que en una supuesta elección de no participar deberá asumir la apertura de un expediente disciplinario por negarse.

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Para estas elecciones al rectorado, Manuel Palomar es el único candidato posible a votar.

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Para estas elecciones, como en cualquier otra que nos fijemos, buscaban un porcentaje de legitimidad.

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Desde la Federación Estudiantil Libertaria de Alicante creemos que estas elecciones son el tipo de mecanismos y trámites a combatir debido a su continua farsa ilusoria y su práctica de exclusión de una idea de gestión comunitaria y participativa en la educación. Si desde el rectorado desean continuar pensando que tienen la legitimidad y legalidad para operar en nuestro nombre y representar nuestras ideas, son libres de creerlo, pero deben tener claros dos planteamientos: el primero es que en un aula, como en una universidad, no sólo enseña la profesora o profesor, sino que de todas se aprende; en este sentido y observando el panorama, no estaría de más que desde estas instituciones aprendan algo, hagan autocrítica y sean capaces de abandonar esas butacas de la vergüenza. Por último y como segunda idea, es añadir nuestro pequeño gran matiz a su eslogan publicitario: lo que nos une no es la universidad, es la lucha que se da por ella.

 

No votes, nos vemos en las calles, ¡Arriba las que luchan!

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